Las ampollas son elevaciones circunscritas de la piel, de más de 1 cm. de diámetro, que contienen un líquido de olor claro. Cuando son de un tamaño menor, se denominan vesículas.
Las ampollas constituyen una respuesta del organismo a una lesión local, como una quemadura, o una manifestación de una enfermedad grave.

Las causas más frecuentes son los traumatismos por calor, por frío y por contacto con sustancias irritantes, como la hiedra venenosa. Existe una serie de enfermedades de la piel, agrupadas bajo a denominación de dermatitis ampollares, que producen la aparición de ampollas. Las más comunes son el eritema multiforme ampollar, el pénfigo y a dermatitis herpetiforme.
Tratamiento:
No se debe romper la piel de la ampolla provocada por una quemadura o por otro irritante para extraer el líquido de su interior. Este líquido es, en principio, estéril y actúa como una capa protectora ante una posible infección. Por lo general, una cura tópica periódica es suficiente para que la lesión desaparezca. Si existen signos de infección, ésta debe tratarse con un antibiótico adecuado, administrado por vía oral, nunca aplicado en forma de pomada.
Terapias con plantas
Fitoterapia:
Se utilizan plantas antisépticas en aplicación local, en forma de tintura, como lavanda, bardana y caléndula. La aplicación local de infusiones de hamamelis y de centella asiática (Hydrocotyle asiatica), y el gel o el extracto glicera do de las hojas del áloe (Aloe vera), favorecen el secado y la cicatrización.
Fuente: Libro Prevenir y Curar
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