El tono muscular está relacionado con la fuerza que los músculos pueden ejercer. En términos fisiológicos, la fuerza se define como la potencia máxima que se puede alcanzar cuando se realiza voluntariamente una contracción muscular aislada.

La forma más habitual de lograr un buen tono muscular consiste en sobrecargar los músculos y cansarlos paulatinamente con una serie de movimientos sucesivos, lo que se conoce como «repeticiones».
La sobrecarga se puede lograr, por ejemplo, levantando pesas o empujando algún elemento o mecanismo que oponga resistencia. Una vez que los músculos trabajados se recuperan de la sesión de entrenamiento, son más fuertes y tienen una mayor resistencia.
Los ejercicios que trabajan el tono muscular son normalmente anaeróbicos; es decir que, al contrario de los ejercicios aeróbicos, no utilizan el oxígeno, ya que se basan en la combustión de carbohidratos almacenados en los músculos en forma de glucógenos. Mientras el combustible aeróbico (la grasa) proporciona una fuente continua de energía de combustión lenta, el combustible anaeróbico (glucógeno).
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