El agua es un néctar simple y complejo a la vez, pues a pesar de que es lo suficientemente sencilla como para ser considerada el punto de referencia en toda clase de preparación (de laboratorio o de cocina, entre otras cosas), es la constituyente básica de cualquier sustancia líquida que consumamos: leche, jugos, bebidas gaseosas y demás.
La leche, por ejemplo, es una bebida conformada por agua más lactosa y compuestos grasos que provee vitaminas y minerales; los jugos son una mezcla de frutas con agua o leche (y ya sabemos que la leche es agua más otras cosas); las gaseosas están hechas con agua, saborizantes y gas carbónico. En síntesis, el agua es quien nos suministra humildemente todo su poder bajo distintas presentaciones, y de esta manera es importante saber cuántas bondades entrega a nuestro cuerpo.
Una de las principales bondades del agua, es que ayuda a conservar la lozanía de nuestra piel, disminuyendo las probabilidades de arrugas y resequedad; estamos conformados por más de un 70% de agua, y si perdemos este valioso líquido nos veremos notablemente ajados. Por otra parte, permite el tránsito y expulsión de sustancias nocivas para nuestro cuerpo; contribuye así a la pérdida de peso y al drenaje de las células. También el consumo de agua ayuda a mantener la hidratación en nuestras articulaciones, y a mejorar el rendimiento de nuestros músculos, incrementando nuestro desempeño en actividades físicas de alto y bajo nivel.




