You are here: Home » Salud » Medicina alopática versus medicina natural

Medicina alopática versus medicina natural

Es asombroso el cambio gigantesco que ha realizado la medicina alopática en los últimos cien años. El arsenal terapéutico ha evolucionado de forma exponencial: nuevas medicinas, nuevas técnicas, tecnología de punta, intervenciones quirúrgicas increíbles, le han dado un sitial de honor a la medicina moderna. Fármacos de cuarta y quinta generación, con el aval de prestigiosas instituciones de investigación respaldan la credibilidad de tal o cual medicamento, que, a precios inaccesibles para los pacientes se ostentan por centenares en las farmacias.

Esa es la verdad que nos venden a través de la publicidad, pagada precisamente por las corporaciones multinacionales, que, escondiéndose bajo una fachada apacible de investigación seria, y bajo la patente de las empresas farmacéuticas cuyo único propósito no es el logro de la salud, sino, por el contrario, lograr y establecer la farmacodependencia, con el fin de crecer económicamente. No es de extrañar que las escuelas de medicina occidentales copien al carbón las directrices de las transnacionales, y cuyos graduados sean voceros, algunos inocentes, otros por ignorancia supina, otros por conveniencia, de los desmanes de la farmacopea. Es lógico. Fueron formados para ese propósito.

¿Cómo funciona la medicina alopática?

Al margen de lo dicho anteriormente, se erige, firme, sustanciada, la medicina que practicaban nuestros ancestros. Pero, oculta, quizás por la satanización de los medios de “incomunicación” social. Quien ose practicar la cura con hierbas, extractos, pócimas, guarapos, etcétera, es simplemente un charlatán, un ignorante o brujo.

No saben los médicos alopáticos que ese saber popular ha sido secuestrado por esas corporaciones, con fines de lucro. De la modesta berenjena se fabrica la famosa fitina, preparada en cápsulas o pastillas para fortalecer la memoria. Que la planta de alhelí cura la diabetes, al igual que el eucalipto, que el anamú o mapurite es un potente anticancerígeno, al igual que el brócoli, y así sucesivamente. Pero no dicen que los fármacos patentados son un arma de doble filo:  que los omeprazoles y sus congéneres a la larga contribuyen a arruinar las paredes estomacales, que los ibuprofenos y sus derivados son tóxicos, que la mayoría de los jarabes para la tos producen efectos cardíacos. Y que otros medicamentos alivian síntomas pero dañan el hígado, riñones y páncreas.

Sutil, silenciosa, humilde, pero efectiva, la medicina natural, ha sobrevivido a lo largo de la historia. Y hoy día adquiere más adeptos. Incluso universidades prestigiosas europeas y asiáticas han adaptado sus currículos a esta especie de medicina alternativa.

Para comparar los dos tipos de medicina hago uso de un símil: si la enfermedad se compara con un iceberg, la medicina alopática envía su arsenal terapéutico a la zona de riesgo, y en cuestión de días, (para los casos leves), el iceberg ha desaparecido. Pero sólo en la superficie. El inmenso témpano bajo el agua  permanece intacto y a punto de volver a emerger. Se producen, por lo tanto, las famosas recidivas. Empero, la silenciosa, ignorada y tan cuestionada  medicina natural comienza lentamente a  socavar el fondo del iceberg. El paciente no observa mejoría en el corto plazo, pero al final el iceberg desaparece  definitivamente, porque sencillamente ya no existe.